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Cómo educar a tu marido para que no te salga como el mío

Pilar Guerra escribe

Había recibido una llamada de la psicóloga a la que pidió cita unos días atrás. En su tarjeta de visita, se leía también “Coach emocional”. Intuyó que algo le hacía sentido más allá de lo que hasta ahora le había hecho sentido, si es que algo se lo había hecho.

Después de un gran tiempo, finalmente, liberaba de la cárcel a su intuición, herramienta poderosa a la que todos cuestionan, cuando ella, la intuición, no se atreve a cuestionar a nadie jamás. Algo le hizo sospechar, que afortunadamente, podría haber encontrado ya, y tras tanto tiempo de búsqueda, a la terapeuta indicada. Que fuese mujer, de alguna manera, también la conectó con sus expectativas.

Tenían un día agendado para verse, y, sin embargo, la noche anterior se sintió extañamente mal, con algunos síntomas físicos que la hicieron dudar si asistir a la primera sesión o no.

A veces el cuerpo habla cuando la boca taponada no sabe ni qué decir.

La terapeuta le mandó una tarea. “Escríbeme para mañana”, dijo, “el objetivo que quieres conseguir.”

Pensando y pensando…, borrando, volviendo a escribir y tachando, le envió lo siguiente:

“Quiero que disminuya la angustia en el pecho, y que desaparezca la tristeza tan profunda que siento.

Necesito otro reto más específico”, demandó la coach.

Entonces, mi protagonista contestó: “quiero trabajar conmigo y contigo, para entenderme y entender, qué le ha pasado a la persona que llevo dentro, tras este proceso de divorcio.

Comencemos entonces. Este reto me gusta más.

Mañana, a las siete.”

Este título para este libro sin tapas, pide disculpas a quien no lo entienda y se pueda sentir agredido. Escribir y rotular enunciados, te expone al mundo, al que quiero afrontar y no enfrentarlo. Aun así, la provocación queda patente, como una pátina que sujeta a la transgresión.

El sentido del humor es la clave principal en la mejoría psíquica de las personas a las que trato de tratar, y a las que de manera equivocada, son denominados como pacientes.

Son individuos únicos. Se llaman así. Demasiada paciencia han tenido ya.

Cuando nos cuesta ver la realidad, buscar lo opuesto a ella, puede que nos ayude a encontrarla. Hablo de “educar”, porque el fin básico casi vital, es saltarnos la obligación de disciplinar, y exactamente hacer lo contrario: no educar jamás, a ningún adulto que se encuentre a nuestro lado. Y de ninguna manera, por tanto, a ningún compañero de vida.

Apuesto por las relaciones de igualdad entre los humanos en general, y las parejas en particular.

Saturada de escuchar el concepto de “relaciones tóxicas”, que no termino de entender, sí que apuesto por denominar relaciones de desigualdad a aquellas relaciones en las que se deja de fluir, entendiendo por fluir, a vivirlas de forma cómoda y sencilla, donde el excesivo sufrimiento no exista. Ni tan siquiera el sufrimiento.

Amiga opuesta del paradigma del dolor por amor, apuesto también por liberarnos de la dependencia emocional, enemiga de nuestro crecimiento individual como personas, base de nuestro verdadero foco.

Desafío por ser planetas únicos, equidistantes de los otros en un mismo universo, y no satélites que giran en torno a las relaciones de pareja. Afirmo que la película está mal vendida, y que ningún ser humano es necesario para el otro, si bien puede que sea deseable llegar a tener el fortunio de estar acompañada por alguien que baile al son que tú pides para que tu vivir sea más completo, y tus abrazos tengan un continente y contenido.

Creo en que estar solo no es un castigo, y pretendo romper esta creencia social.

Si bien omito el aprender a estar contigo mismo, por ser frase lapidaria y algo cursi y de literatura de autoayuda, reto en que conseguir caerte bien a ti mismo, no es solo un reto, sino el reto en sí.

“Cómo educar a tu marido para que no te salga como el mío”, es, obviamente, lo ilógico de lo lógico.

Reeducarte a ti misma para no pretender nunca más cambiar del otro lo que no te gusta, sería el título acertado.

Carry Bradshaw, al fin y al cabo, aún de todavía, y aun de incluso, habló de todo, menos de Sexo en Nueva York.